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Entro a la habitación donde está la computadora adivinando los obstáculos con las manos, procurando no darme con el escritorio en los huevos. Ya sé que hace un calor asfixiante para estar con medias y zapatillas, pero son sólo para evitar engancharme el dedito chiquito del pie en algún borde asesino.

Tengo que esperar a estar sentado frente al equipo para abrir los ojos y empezar a usarlo.

Hago todo esto porque ya no soporto ver los cables.
No los aguanto más.
Siempre enmarañados, sucios y a punto de desenchufarse o ahorcarse entre las patas de algún mueble y el zócalo de la pared.

¿Cómo puede ser que cada día anuncien nuevos tipos de cable y la gente salga a festejarlo con bombos y platillos?
Nuevo USB 3.0, ¡iupi!“. ¿Al menos evitá que siempre que quiero enchufar algo lo intente y no entre, lo dé vuelta y tampoco y recién a la tercera vaya como debería? ¿Por qué no se ponen a resolver eso antes de boludear con aumentar la velocidad que nadie necesita?


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