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Desde los usuarios de Pentium MMX con monitores de tubo corriendo Windows 95 hasta los cancheros poseedores de notebooks con Windows 7; desde los que siguen usando algún viejo teléfono Nokia hasta los que tienen un iPhone 4 o iPad, pasando por los usuarios de cualquier termicon Android, todos se enfrentan diariamente al mismo flagelo: qué mierda poner de wallpaper.
Si hay una traducción vergonzosa en el mundo de la informática es aquella que hace que le digamos “papel tapiz” a la imagen que cubre nuestro escritorio. ¿A quién se le ocurrió ese nombre? Después nos quejamos porque la gente le dice protector de pantalla confundiendo los términos: dejásela pasar, pobre, hay cosas peores.
Como todas las creaciones tecnológicas de los últimos 20 años, el Blu-ray no fue bien recibido de un día para el otro. La historia de su creación, competencia y casi desaparición hasta la aceptación general con la que cuenta en el día de hoy es más bien aburrida. Lo que sí es interesante para los geeks como nosotros es repasar todas las opciones disponibles para disfrutar de películas a 1080p (full HD) en la comodidad de nuestro hogar. Aclaración importante: los precios que comentemos a continuación son para los productos en Estados Unidos porque no todos se consiguen por estos pagos.

Reproductores de Blu-Ray
Por supuesto que los hay de todas las marcas, para todos los gustos y de todos los precios. Uno sencillo como el Panasonic DMP-BD45 que incluye lector de tarjetas de memoria como único chiche, se consigue en Estados Unidos por u$s 160. Por su parte LG ofrece el modelo BD750 (u$s 200) que incluye entrada USB y conexión WiFi para levantar películas y música directamente desde un servidor DLNA hogareño. El Samsung BD-C5900, además de la conexión inalámbrica viene preparado para reproducir películas en 3D (u$s 230).
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Habiendo adquirido nuestro bonito televisor LCD, un home theater a la altura de las circunstancias y acomodados en el sillón para disfrutar de las mejores películas, todavía podemos encontrarnos con algunos inconvenientes. Con respecto al televisor podríamos sentir que los colores no están todo lo vívidos que esperamos o que en las imágenes más oscuras no se distingue claramente la acción. En lo que a sonido respecta, tal vez nos incomode escuchar más fuerte el rudio de fondo que los diálogos o los efectos que deberían ser secundarios tapando los tiros y chirridos principales.

Más allá de la calidad específica de la película (que de ser nueva, original y con el famoso 5.1 se debería escuchar y ver de maravilla), los televisores y los equipos de audio pueden necesitar ajustes específicos para sacarles todo el jugo posible.
Esto no es nuevo y no solo pasa en el mundillo de la tecnología: algo se pone de moda y salimos todos como abejas detrás de una frondosa fuente de polen, salvo que en vez de recolectar e irnos… compramos y consumimos.
Se pusieron de moda los morrales, todo el mundo anda con morral. Cuando se puso de moda usar una camiseta abajo de la camisa a cuadros semiabierta, la gente se cagaba de calor con tal de estar a la moda. Lo mismo con las zapatillas con velcro, los anteojos grandes como de chofer de helicóptero y esas ojotas tipo sueco pero de goma que te hacen transpirar el pie como si caminaras sobre brasas por algún ritual sagrado.
Sin embargo, cuando volvemos a casa, todos colgamos el disfraz y nos ponemos pantuflas, pijama de rayitas y con elástico más bien flojo.

Un disco rígido lleno de música o películas, una tele de generosas proporciones y un buen equipo de música parecen ser suficientes para pasarla de maravilla pero a veces no podemos evitar llevar de un lado para otro la información para asegurarnos de tener a mano una película de backup por si la primera opción se pone aburrida o tener que copiar los últimos discos para poder escucharlos donde mejor suenen.


