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El concepto de la nube cada vez toma más fuerza, sobre todo por el empuje que le dan las empresas que crean funciones de este tipo. Originalmente un concepto bastante nerd, ahora se asocia a “la nube” con todo lo que está a disposición en cualquier momento, en cualquier lugar, sin importar en qué computadora estoy. Los servicios en la nube (principalmente aplicaciones o almacenamiento) son como los derechos humanos de las computadoras: no discriminan por hardware, software, ubicaciones geográficas ni sistemas operativos.
Más allá de las aplicaciones que se usan desde internet en vez de ser instaladas, cuando uno utiliza más de una computadora resulta muy conveniente no tener almacenada toda la colección de fotos, películas, música, planillas o documentos, en un único lugar o en un solo equipo. ¿Cuántos de Uds. tiene una computadora de escritorio y una notebook y tiene que hacer malabares cada vez que desde una quiere usar un archivo que dejó en la otra? No importa cuánto nos auto-regulemos para mantener en orden los archivos en uno y otro lado, siempre alguna excepción hará pedazos la regla.
La solución a esto puede ser crear una “nube” propia en la comodidad de tu casa, con la posibilidad de acceder a todos tus archivos desde cualquier computadora conectada a la red hogareña.
Suena ventajoso y lo es. También suena complicado, pero no es tan así.
Luego de decidir que lo mejor para Ud. es una notebook (nada de netbook, nada de nettop, nada de esas locuras postmodernas), todavía quedan infinitas variables que deben ser resueltas.
Memoria: si Ud. quiere al menos navegar en internet, un poquito de herramientas de oficina, escuchar música mientras tanto y de vez en cuando ver alguna peliculita, deberá pensar en 2 gb de RAM. Sí, lo que hace 10 años era el tamaño de un disco rígido hoy es lo mínimo que necesita un Windows 7 para andar más o menos decentemente. ¿Qué? ¿Edición de audio o de video? ¿Juegos de última generación? ¿Retoque fotográfico?. Salvo que consiga una notebook con 8 GB de RAM, vaya pensando en una PC.
El mejor programa para un domingo lluvioso probablemente incluya la televisión. Eso sí, hay que rezar para que haya una buena película o que justo agarremos un partidazo de alguna liga europea. Sino, no nos queda más remedio que recurrir a una película, las fotos de las últimas vacaciones o un capítulo de alguna serie que hayamos guardado para una emergia similar.
Para esta última opción, aunque el viejo esquema VCR + Televisión sigue vigente, hoy en día podemos reemplazar la videocasetera por métodos un poco más novedosos. A continuación, las mejores opciones:
Para empezar, el DVD Player. Desde $200 se puede adqurir un reproductor de DVD genérico que sirve para ver películas originales o de las otras. Modelos más sofisticados (que reproducen DIVX o tienen entrada USB para no tener que desperdiciar un disco) arrancan en $300. Si la tele es de tubo (CRT) alcanza con que el DVD tenga salida RCA (los 3 colores: rojo, amarillo y blanco) o en el mejor de los casos S-VIDEO si la tele se lo banca. Para conectar a un LCD conviene que el reproductor cuente con salida HDMI que garantiza mejor calidad y aprovecha a full las cualidades de la tele. Hay teles de tubo con HDMI (Phillips por ejemplo), pero son dificilísimos de conseguir.
Aunque tengan una forma parecida a los reproductores de DVD, los reproductores de Blu-Ray juegan en otra categoría. No por nada arrancan en $1.800. Los que tengan una tele de tubo se pueden olvidar de esta posibilidad porque no tienen salida RCA ni S-VIDEO, pero los que tengan donde enchufar el cablecito HDMI y se puedan dar el lujo disfrutarán de una calidad obviamente superior. El problema es que la oferta de películas todavía es muy limitada en cuanto a títulos y puntos de venta.
Usarlas solo para esto puede ser un poco caro, pero las consolas también sirven como reproductor: la WII, la XBOX y la PS2, para DVD. La PS3, es también un reproductor de Blue-Ray.
Aunque suene raro, “la tele” no es la única manera de ver “la tele“. Los televisores funcionan como sintonizadores (reciben la señal) y proyectores (la muestran). Si uno quisiera, podría reemplazar un televisor con un conjunto de sintonizador por un lado y pantalla por el otro: la ventaja de estos suelen ser el precio, la unificación de funciones en un solo equipo que ya tenga proyección y su movilidad.
Los sintonizadores pueden ser externos o internos. Dentro del primer grupo los hay standalone (no requieren de una PC para funcionar) y allí encontramos un sintonizador externo para enchufar directamente a una monitor de PC que rondan los $200. Con este pequeño aparatito del tamaño de un disco rígido portátil, cualquier monitor (LCD o no) se convierte en un televisor. Si pensamos que un monitor de 16″ cuesta más o menos $600, por $800 tenemos un televisor de 16″ que para una habitación suele ser un tamaño ideal. Para confirmar que esto ya es una tendencia que pisa fuerte, se puede comprar directamente un combo sintonizadora + LCD: Un LG de 20″ con la Kworld 1680 cuesta $1100 y con un Samsung de 23″, $1700 ($700 menos que el televisor de 22″ de la misma marca).
Las desventajas de este sistema (porque alguna desventaja tenía que tener) es que no tiene entrada HDMI que es cada vez más corriente en reproductores de DVD, consolas de juegos y hasta proveedores de televisión y que en vez de tener un solo aparato al que le entran los cables y nos olvidamos del asunto, tenemos por lo menos 2 aparatos conectados entre sí, cada cual con sus mañas y sus cables dispuestos a enredarse cuando aparezca la oportunidad. Si sumamos los parlantes (porque la mayoría de los monitores LCD no los incluyen y los que sí lo hacen suelen ser bastante malos), tenemos más cables y más aparatos involucrados. Un juego de parlantes para completar el kit arranca en $50.






