Con el paso del tiempo, cualquier computadora va perdiendo “facultades” de forma lenta y progresiva hasta un punto en el que el usuario se plantea si es mejor cambiar por una nueva. Antes de jubilar nuestra vieja máquina, conviene tener en cuenta si es aprovechable todavÃa, si con algún retoque puede “rejuvenecer” y seguir funcionando, o incluso mejorar su rendimiento. Desde Consumer ofrecen una serie de consejos que pueden ayudar a alargar la vida de nuestra computadora:

PCs sobremesa: se pueden realizar múltiples cambios, como el del CPU (con un procesador y una placa de video más potentes) o incrementar la capacidad del disco rÃgido. En el primer caso conviene actualizar el sistema operativo y viceversa. En ambos supuestos se tendrá un problema de eficiencia energética, ya que un procesador más potente exigirá más del sistema de ventilación o la baterÃa, con los consiguientes calentamientos y emisión de excesivo calor. Lo mismo ocurrirá con un sistema operativo más moderno en una PC obsoleta, y en ambos casos el resultado será quela máquina perderá eficacia por sobrecalentamiento. Respecto al disco rÃgido, su aumento de capacidad por modificación de hardware es algo que se puede esquivar mediante una serie de estrategias de revisión periódica y en base a los servicios del cloud computing (la nube) y las aplicaciones web. El objetivo en este caso es evitar un gasto innecesario, ya que cada vez se necesita menos memoria en los terminales.
Aplicaciones y programas web: disponiendo de banda ancha, es mejor utilizar programas que tengan su base en un servidor externo en lugar del escritorio y el disco rÃgido de la máquina. En algunos casos no será posible, pero en muchos otros es sumamente sencillo. Por ejemplo, no conviene usar servicios de correo electrónico de escritorio y sà tener una cuenta de Gmail, Yahoo! o Hotmail desde donde recibir y enviar correos. Dichos mensajes se guardarán en el servidor del servicio y no en nuestro disco rÃgido. Lo mismo ocurre con programas que permiten guardar y trabajar con documentos en la nube, como Google Docs o Dropbox, ya que los editores ofimáticos de textos e imágenes entorpecen mucho la fluidez del funcionamiento.
Guardar datos y archivos en la nube: Google Drive o iTunes Match permiten guardar documentos y archivos multimedia en servidores externos. La razón para usar servicios web es que cuanto menos material guardemos en nuestro disco rÃgido, menos trabajo tendrá que hacer el procesador cada vez que tenga que acudir a localizar un dato para cualquiera de sus funciones.
Desfragmentar el disco rÃgido: es importante tener en cuenta el consumo del procesador, pero también lo lleno que está el disco rÃgido. Adicionalmente presenta un problema en el sistema operativo Windows por el modo en que tiene de guardar los archivos, ya que los trocea y los guarda en el disco en fragmentos para optimizar la memoria. El problema es que a la hora de buscar un archivo determinado, la computadora debe encontrar los fragmentos y volver a juntarlos: una sobrecarga de trabajo que ralentiza el funcionamiento de los programas. La solución es aplicar de forma periódica la opción de desfragmentar el disco, ya sea con la herramienta del propio Windows o bien con programas de terceros. La desfragmentación se toma su tiempo, pero después se nota en la rapidez del procesador.
Eliminar archivos temporales y cookies: toda descarga, escucha o visualización en streaming se almacena durante un periodo de tiempo en forma de archivos temporales. Se acumulan asà numerosos pequeños programas que consumen recursos del procesador. Es mejor borrarlos cada dÃa al finalizar la jornada, si no se van a necesitar, para evitar que se acumulen. Las cookies tienen el inconveniente (aparte de los problemas de privacidad) de que siempre se mantienen activas en segundo plano por si cuando uno acude a una página web y quiere ser de forma automática reconocido. Ese es su cometido, la comodidad al navegar por Internet. Pero consumen demasiados recursos del navegador cuando se acumulan muchas. Borrarlas de vez en cuando es una buena idea por muchos motivos, entre ellos el hacer el ejercicio mental de recordar y renovar nuestras contraseñas. Se hacen desaparecer desde las opciones de privacidad de cada navegador.
Reiniciar con frecuencia: hacerlo, por ejemplo, cada cuatro horas libera al procesador de todos los procesos que estén en ejecución, en especial los que permanecen en segundo término y que se han activado a medida que se han ejecutado diferentes funciones. Asà podrá volver a trabajar con la RAM menos cargada.
Mantener la computadora limpia de polvo y suciedad: su efecto es interferir las conexiones y sobrecalentar el sistema, con lo que el funcionamiento pierde eficiencia. No está de más soplar y luego pasar el aspirador por entre las rejillas y sobre el teclado. Conviene evitar el uso de secadores de pelo, ya que podrÃan fundir las piezas de plástico.
Evitar actualizaciones no imprescindibles del navegador: aunque se suele recomendar por cuestiones de seguridad, lo cierto es que las versiones actualizadas del navegador consumen muchos recursos con todas las novedades que incorporan y, si la máquina es muy antigua, puede verse superada. En este apartado, sin embargo, también hay que ponderar las posibles mejoras en seguridad que aporte una actualización del navegador.
Usar programas contra malware: usar programas como Ad-Aware o Spyboot no está de más y nos ayudará a ganar mucha eficiencia, sobre todo si usamos un sistema operativo antiguo.
Sistemas de sincronización de datos entre dispositivos: si bien servicios como Dropbox o las extensiones para sincronizar los marcadores del navegador son muy útiles, cada vez que se hace un pequeño cambio en un archivo o en el navegador, estos programas lo sincronizarán con el servidor, con lo que el procesador se verá ralentizado. Una estrategia es desactivarlos durante los periodos de uso del ordenador y activarlos antes de apagarlo, para que sincronicen todos los cambios hechos de una sola vez.
No hay comentarios aún.