Hace 15 años, Karlheinz Brandenburg, director de tecnologías de medios electrónicos del Instituto Fraunhofer IIS, perteneciente al Fraunhofer-Gesellschaft, descubría la forma de implementar el MP3 como un formato que reducía el tamaño de los archivos de música hasta 10 veces. Nada sería lo mismo después de aquel acontecimiento. Varios cds con más de 13, 14 canciones empezaron a circular por todos lados. Pero todos en un mismo CD.
Este fue el tema al aire en Día Perfecto, por Metro 95.1, en donde estuvo Nexobit.com.
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Los archivos se pasaban de computadora a computadora. Pero a la vez la banda ancha amenazaba a los módems de 56K. Y entonces surgió Napster: un servicio que albergaba millones y millones de archivos MP3 que se podían descargar libre y gratuitamente. El combo archivos livianos con Internet hizo que la computadora se llenara de archivos MP3.
Faltaba el otro eslabón: poder escuchar estos archivos en cualquier momento y lugar. Ya en 1998 (un año antes de la creación de Napster) salía el primer reproductor en este formato. Microsoft ya había pagado su correspondiente patente para incorporar el MP3 en el Windows Media Player. Lo que un cd albergaba 20 canciones, si esas mismas canciones se grababan en MP3 en ese mismo dispositivo entraban alrededor de 120.
Menor espacio no significaba peor calidad: el MP3 era un formato comprimido que sacaba los sonidos que el oído no llega a percibir… Pero volvamos: ya teníamos el formato, los reproductores, Internet. El iPod supo capitalizar todo esto cuando nació en 2001. El iPod no era sólo un reproductor que toleraba MP3 y otros formatos de poco peso. Era la punta del iceberg de una plataforma que incluía el iTunes, un servicio de descarga que permitía sincronizar el aparato con música descargada y pagada en Internet.
Pero no todos vieron con buenos ojos este modelo de divulgación de contenido por la Web. Sony tardaría mucho en aceptar este formato (recién en 2005). Y nombramos a Sony porque la marca japonesa fue históricamente líder: en 1979 había aparecido el Walkman y con él, la música para llevar. En 30 años (hasta 2009) Sony vendió 385 millones de máquinas (incluidos sus evoluciones como casetes, discos compactos, minidiscos y archivos digitales, finalmente). El iPod en apenas 8 años superó los 200 millones.
A la vez, Sony decidía competir contra el MP3 con su propio formato: el Atrac. Sus dispositivos sólo toleraban este tipo de archivos y era muy difícil convertirlos. La industria iba para un lado y los nipones querían imponer su propio formato. Lo que estaba de fondo era la preocupación por la pérdida de derechos: si más gente los puede conseguir, menos ventas se pueden alcanzar y por lo tanto menos derechos se pueden vender.
Pero esta ecuación no hizo más que descentralizar el modelo de negocio. Hoy por hoy cualquiera puede conseguir música online y pagar por ella sin necesidad de alguna distribuidora de por medio. iTunes alcanzó en febrero su canción número 10 mil millones (lo que equivale a 840 millones de discos de 12 canciones cada uno).
Todavía la industria intenta reacomodarse. Pero lo que queda claro es que el MP3 terminó por establecer un nuevo formato, digital, que desechó los formatos físicos. Lo que está en juego (y también en peligro) son los derechos digitales… qué es lo que ocurre cuando una canción se mira en bytes y no en tracks. Qué es lo que ocurre cuando la biblioteca se abre al mundo, un mundo de libre acceso a través de Internet. ¿De quiénes son los derechos? ¿Quién se beneficia con el control? ¿Y quién con la difusión? Esos son los debates que trajo consigo el MP3, ese formato que hoy está en todos lados: en la memoria flash, en el pendrive, en el estéreo, en los equipos de música y, por supuesto, en la PC.
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para los que tienen menos de 25, esto es solo un cumpleaños del mp3, para los que tenemos mas de 50, esto es revolucionario, es vivr el progreso de la humanidad, en el area tecnologica, como cuando el hombre llego a la luna.
Creo que falta mencionar en la nota que el mp3 le permitio a muchas bandas under (de garage, o como les guste) mostrarle a cientos y miles de personas sus primeros temas. A un costo mucho menor y con una mayor difusion comparado con los metodos anteriores.
Coincido con fede. Muchas bandas de musicos talentosos y trabajadores pudieron triunfar sin tener que venderse como los grupos clasicos.