La escena se repite una y otra vez en cuanto medio de transporte público recorra la ciudad. No hay colectivo, subte, tren ni taxi que quede excento ni pasajero que no lo haga. Es inmediato: es solo cuestión de poner un pie arriba del vehículo para sacar del bolsillo el celular.

Claro que no todos lo hacen con el mismo objetivo. Hay quienes esperan a llegar al taxi para hacer llamados como si fuera su oficina, hay quienes aprovechan la estabilidad del subte para jugar a esos juegos que requieren de las 2 manos para manejarlos y están los que viajan de Barracas al Tigre en colectivo mandando SMS durante todo el trayecto sin miedo a que se les agote el crédito, la batería o el cerebro.

Ud. tal vez esté asustado, estimado lector, de que sus hábitos y costumbres lo hagan quedar como un bicho raro en esta sociedad tan comunicativa, tan abierta al diálogo y tan respetuosa de las buenas costumbres y los modales. O tal vez le surja la razonable duda de qué estarán pensando los otros de Ud. cuando lo ven, celular en mano, desarrollando alguna tarea durante el mencionado viaje en transporte público. Para que no sufra más, le facilitamos la siguiente guía práctica.

En el colectivo.
El pendejito inconsciente: se caracteriza por enviar SMS a intervalos repetidos incluso en trayectos que superen la hora y media de viaje. Por lo general el celular será uno que no tenga tapita (tal vez sea slider) y probablemente mastique el mismo chicle inmundo durante todo el recorrido. Se nota que no es su responsabilidad pagar la cuenta a fin de mes: a $1 el SMS, a 25 SMS por viaje, a 2 viajes por día, son $1.500 por mes. Este individuo suele aparecer durante un breve período de tiempo ya que al llegar la factura de Claro, el viejo le pega tantas patadas en el culo que se le van las ganas de mandar SMS. O al menos de hacerlo sentado.

El payasín del pasaje: este personaje se puede ver desarrollando 2 actividades diferentes, que pueden incluir escuchar música en su celular SIN AURICULARES y/o hablar por Nextel en modo altavoz. En ambos casos y con total desprecio por la intimidad y/o el sueño de los demás pasajeros, esta clase de persona pone música de dudoso buen gusto y mira para los costados a ver si la gente está bailando o moviendo la cabeza. Si no pega, cambia el tema. Si 2 ó 3 temas seguidos son abucheados, se baja y busca un mejor público. En el caso del Nextel, tira chistes de irresistible gracia (para él) y mira para todos lados para ver la repercusión. Si nadie se los festeja, suele decirle a su interlocutor “te dejo que acá está lleno de ortivas el bondi“. Siempre a los gritos, claro.

En el subte.
Oficinista on the road: clásico de los subtes D y B en la Ciudad de Buenos Aires, desde que se para en el anden hasta que sale de la escalera mecánica está meta mirar su Blackberry, revisar mails, contestar con las 2 manos sobre el teléfono y llevarse la mano a la cara en señal de preocupación, como si la acabaran de avisar que bajó la bolsa de Tokio. Es muy común que en el trayecto Los Incas – Florida atienda el teléfono un par de veces y conteste siempre con la promesa de que llega a la oficina en 10 minutos, aunque el subte todavía no se haya movido y esté a clarísimos 40′ del destino final. El segundo llamado seguramente incluya la frase “ya debería haber llegado, no sé que pasa con el subte” y si hay un tercero ya se baja para tomarse un taxi ante la mirada reprobatoria del resto de los pasajeros del vagón.

Gamer: no importa si es la viborita del Nokia 1100 o el Guitar Heroe en el Iphone 3G, este personaje no puede despegar los ojos de su celular ni un segundo. Cuando lo hace con auriculares o con el sonido apagado, el mayor perjudicado es él mismo que o bien se pasa de su estación o no se da cuenta que tiene un asiento libre delante suyo. Ahora cuando lo hace con el volumen al palo o gesticulando como si fuera la final del mundo en el PES Móvil, la cosa pasa de castaño claro a castaño oscuro. No se le puede decir nada, porque es probable que termine a las piñas. Más vale rezar para que se baje rápido. O se le acaba la batería.

En el taxi.
Freelance: no hay productor de TV, diseñador de sitios web o consultor independiente que no se suba a un taxi y acaso antes del “Buenos días” de rigor, saque el teléfono y mantenga reuniones como si estuviera en su oficina. El único motivo por el que no saca una notebook es porque el taxi no tiene Wi-Fi. El taxista indignado ya conoce a este personaje, pero lo tolera. Salvo cuando después de un viaje de 40 minutos entre 2 chetos barrios de la ciudad en el que se la pasó hablando por teléfono y hasta haciendo video conferencia le dice “¿QUINCE PESOS? Pero si este viaje siempre me sale $8. No tengo $15, ¿te puedo deber $5?“.

En el tren solo se ve con el celular a 2 tipos de personas: los que viajan por primera vez en tren y no saben donde se están metiendo y a los chorros que están usando un celular que acaban de “adquirir“. No le sugerimos usar el celular en el tren.

Compartí esta nota:
  • Facebook
  • Twitter
  • RSS
  • email
2 Comentarios
  1. jorge Sábado 6 de febrero de 2010

    jaja muy buena nota Leo te felicito.Usuario de linea D y tren Mitre ,Saludos

  2. Juan Angel Sábado 6 de febrero de 2010

    “En el tren solo se ve con el celular a 2 tipos de personas: los que viajan por primera vez en tren y no saben donde se están metiendo y a los chorros que están usando un celular que acaban de “adquirir“. No le sugerimos usar el celular en el tren.” :love:
    Tenes tanta razón, pero te olvidaste del grupo de gente que dice: “Yo lo uso porque a mi no me lo van a robar”